domingo, 24 de noviembre de 2013

Helmut Newton, Erotismo y Sexualidad


Helmut Newton es uno de los mejores retratistas y fotógrafos de moda de la historia. Fue un adelantado en algunos temas tratados en su obra. Éste fotógrafo Alemán nacido en 1920, ofrece una visión de la mujer y su cuerpo sin miedo a ser criticado por sus imágenes explícitas, a veces cargadas de erotismo y sexualidad.


Para Newton, la mujer es fuerte, atrevida e interesante. Si no encuentra ese perfil, simplemente no la fotografía, pero eso en el papel, en el estudio era otra cosa, tan solo un adorno, un jarrón. Sin duda, el gran pilar de su trabajo consiste en el realismo que hay en esas fotos; cuerpos perfectos, bellezas casi imposibles y ni un ápice de manipulación en la toma. Sus fotos estaban preparadas a conciencia y prefería un despliegue asombroso del estudio del entorno que uno de luces y efectos. Newton se complicaba con la historia que contaba, no con la cámara, los flashes o los objetivos. De hecho usaba una cámara de 35mm y otra de formato 6X6, la segunda, un clásico en la fotografía de retrato, una Rolleiflex. Este concepto demuestra que con el equipo adecuado para las necesidades reales de cada fotógrafo, no hace falta más para contar grandes historias.




En sus historias, el papel de la mujer es principalmente dominante. Elementos como collares de perlas, lencería, tacones, latex, etc... estaban muy marcados. Eran mujeres masculinizadas que no habían perdido su poder de atracción, al contrario, las hacía aún más deseables.




Imitar su estilo no es fácil e intentar recrear una escena como lo haría Helmut Newton, puede dar como resultado una escenificación "choni". Algo que debería ser tan sencillo como hacer una foto a un zapato o un busto femenino, esconde misterios que sólo una mente abierta y liberal puede mostrar al público. Pero ese tipo de mente implica otros conceptos, como el estudio de las culturas de otros países y sus costumbres, el estudio de la anatomía humana y el conseguir romper un tema tabú con elegancia. Este último punto es tal vez de los más importantes. Si revisamos las fotos de los grandes fotógrafos clásicos, descubrimos un pequeño detalle que se va perdiendo con el tiempo, eran elegantes, sabían vestir con criterio, lo que les otorgaba una gran presencia en la escena.




La fotografía de desnudo es complicada, muy complicada. Primero se debe escoger un tema y no mostrar una parte del cuerpo porque sí. Después encontrar un posible tabú y estudiar como romperlo. Esta es la verdadera fotografía, la que se prepara antes de disparar la cámara y no al revés como ocurre hoy en día, en la que las grandes revistas del mundo de la moda, destrozan sin ningún remordimiento.


Existe además la creencia de que una chica mona, con un collar de perlas y una pose casi pornográfica, puede hacer fotografía de desnudo y el resultado es una imagen vacía y carente de sentido rodeada de un aura hortera y de mal gusto. La fotografía tiene algo de técnica y mucha disciplina y estudio de las culturas y sociedades. Se puede ser el mejor iluminador o conseguir la máxima nitidez, pero ser el Ed Wood de las historias.




En sus imágenes nada es fruto del azar, todo está concienzudamente estudiado, meditado y ensayado. Los escenarios a las expresiones de sus esculturales modelos son el resultado de un laborioso proceso que bulle, pacientemente, hasta culminar en el clímax: en la foto perfecta perseguida. Su fuerte y personal estilo está marcado por la luminosidad escénica, la perfección compositiva y su particular visión de la figura femenina: una mujer alpha, dominante, dueña de su sensualidad, segura, fuerte, elegante y enigmática.